Pinamar, de Federico Godfrid

Este mes de mayo, y tras su paso (cosechando premios) por festivales nacionales e internacionales como San Sebastián, Biarritz y el Festival Internacional de Mar del Plata, se estrenó en Argentina el largometraje Pinamar, de Federico Godfrid. Con él conversamos sobre la particular experiencia de filmar en la tradicional localidad costera cuando los turistas ya no están.

 

¿Cómo describirías la experiencia de filmar en Pinamar?

En el cine que estoy haciendo actualmente el espacio es muy importante, es el punto de partida. Si comúnmente uno escribe un guión y luego sale a buscar el lugar adecuado para filmarlo, nosotros hicimos al revés. Primero fuimos a Pinamar y nos instalamos en un departamento que pertenece a mi familia y a mi infancia, y desde allí empezamos a desarrollar y escribir la película. Pinamar no existiría sin Pinamar. Si hubiésemos filmado en otro lugar, la película sería otra. La experiencia fue muy enriquecedora porque escapar de la cotidianeidad que lo envuelve a uno en el día a día es muy interesante. Nosotros nos fuimos a vivir allá con los actores y el equipo técnico; esas seis semanas fueron una especie de retiro espiritual. Vivimos Pinamar para hacer la película. Todo lo que nos sucedía viviendo ahí se impregnó en el film. De la localidad obtuvimos gran apoyo. Pinamar estaba enterado de que estábamos filmando y nos dieron la ayuda para cortar las calles que necesitábamos cortar, tenernos todo preparado para que podamos filmar en el bosque, esas cosas que en la ciudad de Buenos Aires son un poco más complicadas porque está todo más legislado o controlado. Si yo me paro con una cámara en una esquina de la Ciudad rápidamente va a venir un policía a preguntarme si tengo el permiso para eso. Es mucho más ameno trabajar en un lugar como el que elegimos, aún cuando teníamos las autorizaciones para hacerlo. Todos los factores permiten que estés tranquilo para filmar la película.

Backstage. Rodaje “Pinamar”
Backstage. Rodaje “Pinamar”

 

¿Qué facilidades encontraste en el hecho de filmar fuera de temporada?

La película transcurre en términos dramáticos en agosto-septiembre y nosotros filmamos en noviembre-diciembre. Necesitábamos terminar la película antes del 10 de diciembre y finalizamos justo sobre esa fecha. Las últimas semanas se nos empezó a complicar porque comenzaba a llenarse de gente, sobre todo los fines de semana. Durante la semana teníamos mucha tranquilidad y un clima que ayudó a que no hiciera mucho frío de noche (dos de las seis semanas filmamos de noche). Cuando filmamos La Tigra, en el Chaco, no pudimos elegir la fecha. Había que hacerla en febrero o no se hacía, y el clima fue una tortura, eran jornadas de 43 grados y no se podía trabajar del calor que hacía. El contrapunto entre ese film anterior y Pinamar fue muy grande en cuanto al clima, a las condiciones del espacio y la envergadura de producción. Ésta es una películas más grande y pudimos contar con mejor alojamiento para todo el equipo, una especie de complejo que funcionó muy bien.

Fotograma “Pinamar”. Actor: Juan Grandinetti
Fotograma “Pinamar”. Actor: Juan Grandinetti

 

¿Qué desafíos y dificultades se presentaron durante el rodaje?

El mayor desafío del rodaje es el tiempo. Es un proyecto que me llevó entre 5 y 6 años entre que lo empecé a escribir y lo estrené. De esos años hay mucho tiempo de escritura y montaje, mientras que de rodaje solamente hay un mes. Un mes donde se ponen en juego años de trabajo. Siempre tenés mucho menos tiempo del que te gustaría tener. Esa es una gran dificultad porque estás corriendo, tratando de hacer la mejor película pero sabiendo que no hay mucho margen para el error. Hay que hacer hoyo en uno en cada escena y eso genera un montón de desafíos.

Fotograma “Pinamar”. <i>Actores: Violeta Palukas, Juan Grandinetti, Agustín Pardella</i>
Fotograma “Pinamar”.  Actores: Violeta Palukas, Juan Grandinetti, Agustín Pardella

 

¿Cómo fue el trabajo con los actores locales?

Fue muy positivo. Se prendieron mucho con la película. Empezamos haciendo un casting en Pinamar y hubo una búsqueda fuerte para descubrir a los personajes. Si bien sabíamos que los tres principales no eran interpretados por actores locales, personajes claves como la pescadora, la vendedora de inmuebles y el grupo de chicos los buscamos ahí. Fue un trabajo de investigación. Para el personaje de la pescadora fuimos al muelle, hablamos con las mujeres que pescan ahí y tomamos mate con ellas. El trabajo fue muy participativo porque a mí me interesaba que ellas me invadieran a mí de su universo, con el pescar de noche y fuera de temporada. Lo mismo pasó con la escribana. Ella es una actriz que había trabajado en una inmobiliaria y nos aportó un montón de elementos relacionados con la venta de los departamentos en la costa, con las características de la vida en Pinamar, con las historias de la gente que se muda allí. Y en el caso de los chicos jóvenes, fue un grupo que surgió a partir de Sol Aranda, una alumna mía en la Universidad de Tandil que vive en Pinamar. Cuando me encontré con ella la invité a participar y ella involucró a sus amigos. Nos empezamos a conocer, a recorrer casas abandonadas, a pasar el rato de la forma en la que lo pasan ellos durante el invierno, y a ir descubriendo lo que después iba a ser parte de la película. Por ejemplo, un día estábamos tomando algo y uno de los chicos empezó a rapear, y ese rap después formó parte de la película.

Fotograma “Pinamar”.
Fotograma “Pinamar”.

 

Además de los actores, ¿recibieron o buscaron apoyo de alguien de la zona?

Sí, tuvimos apoyo logístico y técnico, sobre todo en cuanto a la producción (yo intentaba mantenerme al margen para tener la cabeza despejada). Pudimos bajar líneas de tensión para conectar los equipos, cortar calles, tener una camioneta que nos llevaba de un lugar al otro cuando lo necesitáramos. Durante la filmación tuvimos el apoyo que mínimamente necesitábamos para llevar adelante el rodaje. Y una vez que la película estuvo terminada suscitó mucho interés, Pinamar se involucró mucho. Cambiaron muchas gestiones desde que empezamos a desarrollar el proyecto hasta el día de hoy y el interés y el apoyo fue creciendo.

Fotograma “Pinamar”. <i>Actores: Violeta Palukas, Juan Grandinetti, Agustín Pardella</i>
Fotograma “Pinamar”.  Actores: Violeta Palukas, Juan Grandinetti, Agustín Pardella

 

De todas las locaciones utilizadas, ¿cuáles destacarías y por qué?

En primer lugar: el departamento y el edificio en sí, porque es un poco el corazón de la película. Está ubicado en pleno centro y es el gran generador del universo de Pinamar. Forma parte de esas grandes moles que se construyeron hace 40 años y que todavía están ahí; son edificios de ciudad que, en un lugar costero y fuera de temporada, se convierten en cosas extrañas. Le marcan una identidad a ese espacio. El departamento tiene unos grandes ventanales que marcan un contacto entre el adentro y el afuera que le impregnó la presencia a la película.

Otros espacios a destacar, también muy ligados a mi infancia, son el tobogán de agua y ese espacio medio mágico que es la unión entre el mar y el bosque, un lugar que te permite pasar de estar frente al mar a cruzar un médano y encontrarte en medio de un bosque. Hay muchos espacios en Pinamar que fuera de temporada se resignifican, se convierten en otra cosa. En la película logramos retratar la transformación de la avenida Bunge, una avenida bastante caótica y de mucha circulación, pero que un lunes a las 3 am fuera de temporada la ves completamente vacía. Para filmar no tuvimos que cortar la calle, no pasó ni un auto en dos o tres horas. Esa transformación del espacio, esa sensación de lugar desértico que se produce, es especial. Es un espacio que está pensado de una manera o para un cierto uso, y que en un momento se transforma en otra cosa. Y esa cosa impregna toda la película.

Fotograma “Pinamar”.
Fotograma “Pinamar”.