Palacio Municipal de Rauch

En varias oportunidades y a lo largo de la historia, el objetivo de la arquitectura institucional ha sido no solo diseñar un espacio físico funcional, sino también ocupar un espacio simbólico y cultural en el paisaje geográfico y social de su lugar de emplazamiento. Un palacio Art Decó con estética futurista en una localidad rural sita en medio de la llanura pampeana no es solamente una imagen impactante, es también una idea. En particular, la idea que compartía el arquitecto e ingeniero italiano Francisco Salamone de un Estado situado por encima de todas las instituciones o poderes preexistentes en los pueblos de la llanura bonaerense. Una idea que se hacía fuerte en una época en la que la administración central se encontraba alejada de la periferia y en la que su escasa presencia tendía a ser suplida por otros.

 

 

Entre 1936 y 1940, Francisco Salamone construyó más de 60 edificios en 25 municipios de la Provincia de Buenos Aires, entre los que se cuenta este imponente palacio inaugurado en 1938 en la localidad de Rauch. Con sus líneas rectas y su precisa simetría, expresa el orden que acompaña a la razón, el progreso, la medida y el cálculo. La torre, que se eleva como puesto de vigía frente a la pampa, ofrece al pueblo la hora oficial a través de su peculiar reloj cuadrado, mientras que su llamativo portón invita a los pobladores a ingresar al edificio, contenido por una arcada curva que es la única línea no recta de toda la fachada. Cada uno de los elementos de la estructura del palacio, como los pisos, las luminarias e incluso los muebles, poseen un diseño deliberado que expresa la participación conjunta del pueblo y del Estado en la comunidad, con alusiones claras a los poderes legislativo y ejecutivo.

 

 

Las dos plazas frente al palacio fueron diseñadas por Salamone en concordancia con su estructura, y con la intención de formar un conjunto que integrara la sede del municipio con el espacio público, social y de encuentro por excelencia de cada pueblo: la plaza central. Las luminarias y bancos de ambas plazas respetan la estética del palacio, y la geometría de las mismas confluye hacia él.

Más allá de su rol institucional, el edificio en sí mismo es una de las máximas expresiones del Art Decó en el país y atrae a turistas de todo el mundo por su estilo único. Sus características y su fachada le entregan un extraño aspecto que destaca sus ángulos rectos y sus planos paralelos terminados en punta recortándose contra el cielo, y representan las ideas modernas del diseño Art Decó de cualquier lugar del mundo. Sus estructuras verticales entregan un juego de luces y sombras durante el día, mientras que por las noches, con la fachada iluminada, el edificio entrega una visión que entremezcla el monumentalismo futurista con un aspecto extrañamente espectral.

Sin dudas, con el paso del tiempo y debido al impacto visual que genera su aspecto, este peculiar edificio ha trascendido la idea original de su diseño, remontando la imaginación del visitante no solo a épocas pasadas y tierras lejanas, sino hasta el horizonte mismo de la fantasía.