Finding Sofía: una ópera prima bilingüe de Nico Casavecchia: “No hay mejor plan en la faz de la tierra que filmar una película en el Tigre con un grupo de amigos”

El Área Metropolitana de Buenos Aires se encuentra delimitada al norte y al este por uno de los caudales de agua dulce más importantes del planeta. Sin embargo, para muchos de sus habitantes, tanto el Río de la Plata como el Delta del Tigre y su complejo de islas, son lugares que generan sensación de ajenidad y extrañeza. En Finding Sofía, el director Nico Casavecchia lleva ese efecto al extremo de la mano del actor Sam Huntington (Sully, Veronica Mars, Superman Returns, entre otros títulos), que en el film interpreta a Alex, un diseñador de videos de animación norteamericano que no habla español y que, en medio de una crisis, decide comprar un pasaje a la Argentina para conocer a Sofía (Andrea Carballo). El impulso de conocer en persona a la chica con quien mantiene una relación a través de Internet lo lleva a convivir en una isla en el Tigre con ella y con su novio Víctor (Rafael Spregelburd), un artista plástico que no habla inglés.

 

Sam Huntington, Julián Kartun, Andrea Carballo.
Sam Huntington, Julián Kartun, Andrea Carballo.

 

-¿Cómo surge la idea de la historia plasmada en el guión de Finding Sofía y en qué momento decidiste que el formato narrativo a utilizar sería el de la comedia?

La historia fue surgiendo de a poco, en los años en los que comencé a pensar en escribir el guión. Siempre hubo un viaje del protagonista a un lugar que le era ajeno. Creo que una película puede navegar en diferentes tonos, la dificultad está en entretejer una comedia con un drama y que todo resulte natural. No hay forma de anticiparse al resultado, tiene que ver con lo que ocurre en el rodaje y es parte de la magia de filmar. Creo que la mayor dificultad de hacer una película es cerrar los ojos y ver la escena. En los ensayos, una semana antes de filmar Finding Sofía, pensé para mí mismo: nació comedia. Hasta ese momento no lo tenía tan claro.

 

Para un gran porcentaje de los porteños (un poco menos para los bonaerenses), el río es un sitio extraño, algo ajeno a lo que se le da la espalda.

Yo vivo fuera de Argentina hace 16 años y, cuando me fui, el Delta era un lugar que había visitado pocas veces. Con los años, en mis visitas a Argentina, redescubrí el Delta a través de amigos que alquilaban casas por el verano y me resultó fascinante. Un lugar sumamente ajeno a la experiencia porteña y sin embargo tan cerca. El Delta desafía los hábitos urbanos, y no es para todos.

 

El Delta del Tigre.

 

¿En qué momento decidiste que la narración se iba a desarrollar en el Tigre y por qué?

Hay una fórmula básica en comedia: poner a tu protagonista en las antípodas de su zona de confort. Para un habitante de Brooklyn híper conectado y adicto a internet, nada mejor que un delta sudamericano donde ni siquiera abunda la señal de celular.

 

¿Cómo fue el proceso de selección de la locación?

La casa donde se filmó la película es de un amigo, así que la conocía bien. En un punto del proceso me di cuenta que estaba escribiendo para la casa y cuando quise reaccionar ya no había vuelta atrás, esa isla era un personaje de la película. Tuvimos la suerte de poder filmar ahí gracias a la generosidad de Antonio Balseiro, el dueño. Él es director y sabe perfectamente cuáles son las consecuencias de filmar una película. ¡Tener consciencia de la destrucción que trae un equipo de filmación y prestar tu casa implica una generosidad infinita! Hicimos lo posible por dejar todo como estaba.

 

Rafael Spregelburd.
Rafael Spregelburd.

 

-¿Cómo describirías el rodaje en el Tigre?

Filmar en el Delta es una pesadilla. Fue como filmar una comedia romántica en el set de Apocalypse Now. Nubes de mosquitos, plaga de gatas peludas, la imposibilidad de comunicarte por teléfono con el equipo, los cortes de luz, las inundaciones… Pero aún así, lo que el lugar te da a cambio es infinito. Donde pones la cámara aparece una imagen especial. Trabajé mucho en pre producción para entender cómo filmar el Tigre y lo primero que pasa es que los atardeceres y las fugas visuales te seducen. Y el riesgo es que quede algo estéril o demasiado bonito. Con Eloi Moli, mi Director de Fotografía, fuimos aprendiendo a encuadrar el río desde su particularidad. Fuimos muy cuidadosos al pensar dónde y por qué filmábamos un espacio determinado para no sucumbir al encanto estético más fácil.

 

-En la ficción, Alex es un norteamericano que aterriza en un paisaje natural y culturalmente ajeno a su mundo. En cierta medida, Sam Huntington también aterrizó en una isla del Tigre para rodar una película. ¿Cómo fue trabajar con un actor extranjero que se encuentra inmerso en el mundo del Delta del Paraná?

Sam venía de ser protagonista en una serie después de cuatro temporadas y está acostumbrado a ciertos protocolos de Hollywood. Sin embargo, aceptó viajar a un pantano en el fin del mundo para filmar una película con un grupo de locos dirigidos por un tipo que nunca había hecho un largo. Por eso siempre le voy estar agradecido. A cambio se llevó una experiencia única y disfrutó muchísimo del proceso. Personalmente, creo que no hay mejor plan en la faz de la tierra que filmar una película en el Tigre con un grupo de amigos.

 

 

-¿Qué evaluación hacés del estreno de Finding Sofía en el pasado BAFICI y el estreno comercial en las salas del Cultural San Martín en Buenos Aires?

El BAFICI fue increíble. Yo conozco bien el festival como espectador y estar del otro lado fue un honor inesperado. Sigo el cine argentino de cerca y conozco la escena muy bien, así que me resultó intimidante codearme con todos los directores que admiro. El equipo y yo recibimos un trato de mucha camaradería por parte de todos y la recepción del público fue hermosa. El estreno comercial nos cayó del cielo, la Asociación de Directores de Cine (PCI) nos invitó a pasarla y tenemos una oportunidad única de llegar otra vez al público que se perdió el BAFICI.

 

-El film también fue parte de la programación de festivales como el de Austin, ¿cuál es la reacción del público no-argentino frente a la película?

Es interesante porque los públicos anglosajones, en lugares como Austin y Londres, se reían en momentos de la película diferentes. Finding Sofía es genuinamente bilingüe y le da a cada público una experiencia diferente. Eso está diseñado de esa manera. Yo odio las películas de la segunda guerra mundial donde los nazis hablan inglés y trabajé duro para construir un verosímil lingüístico en la película. A los argentinos nos cuesta horrores hablar entre nosotros en inglés para integrar a alguien que no habla el idioma, y yo quería reflejar eso con chistes y hacer que los cambios fueran orgánicos.