Entrevista con Pablo Flores, Productor Ejecutivo de El Marginal

“Hacer productos que están buenísimos y que encima le gustan a la gente, es lo mejor que te puede pasar como productor”.

Los muros de una prisión, diseñados para mantener a los reclusos aislados del resto de la sociedad, son también muros que ocultan, muros que mantienen separada a la sociedad de lo que sucede ahí dentro. En su interior se esconde un mundo que desconocemos. Quizás ahí resida gran parte del atractivo de El Marginal, la exitosa y elogiada serie de Underground Producciones, que imagina su historia y sus personajes detrás de los muros del ficticio penal “San Onofre”.

En tiempos en los que la oferta de contenido audiovisual se expande, atravesando límites, soportes y etiquetas, en el que las producciones locales compiten con series de todo el planeta y las diferentes plataformas se pelean por acaparar una fracción de la atención del espectador, El Marginal logró convertirse en un éxito de público desde la pantalla de la TV Pública, despertando el interés de Netflix, una de las plataformas de distribución internacional más poderosas del mundo.

 

BAFilm conversó con Pablo Flores, uno de los productores ejecutivos, acerca de la singular experiencia de rodaruna serie en locaciones tan particulares y con tanto peso propio como la ex cárcel de Caseros, la Unidad Penitenciaria 40 de Lomas de Zamora y la Unidad Penitenciaria 46 del Buen Ayre.

 

-Ambientar una historia y filmar en una cárcel real debe ser una experiencia especialmente intensa, aún cuando ya no esté en funcionamiento como la de Caseros. ¿Cómo la describirías desde el punto de vista de la producción?

Al ser una cárcel real, a la hora de ambientar el set, lo bueno es que uno ya tiene una base bien clara de lo que hay que lograr. En función de esa estructura con la que contábamos –la ex Cárcel de Caseros-, pudimos empezar a armar lo que iban a ser los sets de filmación acorde a lo que figuraba en los libros. Tiene sus pro y sus contras. Una de las ventajas es que, artísticamente, uno ya cuenta con una locación real, y uno lo que hace es intervenirla. Estás levantando un lugar que realmente fue una cárcel, con lo cual artísticamente eso te da mucho vuelo. Pero a nivel comodidad tiene algunas complicaciones. Las paredes tienen mucha humedad, es un lugar que estuvo muchos años en ruina y para trabajar ahí hay demasiado polvo. La gente que tiene que trabajar todos los días, tanto los actores como el equipo técnico y el director, se tienen que adaptar al lugar. No es un estudio de grabación en el que hay aire acondicionado, que está acustizado y en el que se cuenta con comodidades. En este lugar, si pasa un avión o un auto por afuera, quizás hay que hacer una retoma. Nos pasó que, en la esquina, había un gimnasio. Y a las cuatro de la tarde había una clase de zumba. El equipo de producción tenía que ir a conversar con los dueños para ponerse de acuerdo y que no coincidiera con la grabación. Desde ese punto de vista hay muchas complicaciones, pero artísticamente es hermoso.

-¿Cómo influye a nivel narrativo tener a los personajes recluidos en un entorno cerrado?

Son personajes que inevitablemente se están cruzando, aún cuando cada grupo tiene su lugar. Por ejemplo, los Borges tienen su pabellón y la mayoría de sus acciones suceden en el lugar donde ellos se mueven. Pero cada tanto se cruzan en lugares en común como las duchas o el comedor. Hay varios decorados que están pensados para que, justamente, pasen esas cosas y que los personajes se puedan cruzar.

 

-Además de filmar en la ex Cárcel de Caseros, se filmó en la Unidad 40 de Lomas de Zamora y en la 46 de Buen Ayre. ¿Cómo fue el proceso de selección de esas locaciones?

Nosotros antes de salir a buscar locaciones tenemos las reuniones creativas con Sebastián Ortega, en las que él nos cuenta qué es más o menos lo que quiere, con opciones y referencias de lo que le gustaría ver. Con eso, el equipo de locaciones sale a buscar distintas opciones, porque además de ser lugares que le gusten a Sebastián, tienen que ser lugares en los que se pueda grabar. Quizás él te dice que le gusta tal cárcel, pero ahí no se puede filmar. Es un equilibrio entre las necesidades artísticas y la posibilidad de obtener permisos para rodar. En este caso se hizo así. Para la locación de la Temporada 2, la Unidad 46, el locador trajo tres o cuatro opciones ya chequeadas en las que se podía filmar. Después que Sebastián definió cuál era la cárcel elegida entre las opciones, la vio el Director y estuvo de acuerdo. Entonces fuimos a hacer un scouting al lugar, hablamos con el servicio penitenciario y a la hora de filmar llevamos nuestros extras, que fueron 162. Ahí filmamos la secuencia del primer capítulo de la segunda temporada en el que Borges se escapa de la cárcel simulando un infarto.

-¿Tuvieron vínculo con el personal durante el rodaje?

Tuvimos un vínculo estrictamente laboral. Ellos nos facilitaron mucho el acceso, que siempre es engorroso porque hay que hacer una fila enorme, dejar tus datos, tus celulares y hasta tu DNI. No se puede ingresar con nada, hay que dejar todo en el ingreso. Ellos se portaron de diez con eso, para que no nos coma horario laboral. Si no, hubiésemos perdido muchísimo tiempo.

 

-El mundo carcelario que se construye es una ficción, sin embargo seguramente también es un retrato de lo que han observado e investigado en distintos penales. ¿Cuánto hay de lo uno y cuánto de lo otro?

Es una ficción con elementos de realidad, es decir, se va construyendo un mundo de ficción dentro de espacios y situaciones que nosotros fuimos viendo y estudiando. El equipo de autores también fue entrando en ese universo y esa atmósfera y a través de todo ese contexto se construye una ficción ahí adentro. Hay cosas de las que se ven que sí suceden realmente en una cárcel, pero hay otras que quizás no tanto. Pero en general es un mundo creado aparte.

 

-¿Qué cambió en la producción de la serie luego de que la 1era temporada fuera adquirida por Netflix?

Obviamente significó algo muy importante para la productora, pero en este caso Netflix entró una vez que el producto ya estaba terminado. Nosotros con ellos hicimos una venta pura y exclusivamente comercial. Netflix vio la primera temporada en la TV Pública y después se sentó con el equipo de la productora y compró el contenido, pero ya una vez grabado. Ellos, en la parte creativa, no se metieron en nada. Fue una compra de la lata. Para nosotros fue algo muy importante porque Netflix tiene cada vez más llegada y más popularidad. Te hace abrir las puertas en otros países de Latinoamérica y del mundo y hace que el producto sea aún más importante de lo que es acá.

¿Cómo recibe el público de otros países, sobre todo si es de otros continentes, una ficción que en algunos puntos tiene una raigambre identitaria tan local como El Marginal?

Por la comunicación que tenemos con otros colegas en otros lados, por el departamento de prensa y por las críticas que leímos vimos que funcionó muy bien. Particularmente, tengo amigos en Francia que me cuentan que fue furor. Me mandaban mensajes cuando yo subía en las redes el work in progressde la Temporada 2, pidiéndome que les dijera por favor cuándo sale en Netflix para que ellos pudiesen verla, porque en Francia también la estaban esperando. Y uno piensa que no puede ser que tan lejos, la serie tenga también tanto éxito. Pero evidentemente es un producto que agrada masivamente en cualquier lugar del mundo, y eso a uno lo llena de orgullo porque hacemos productos que están buenísimos y que encima a la gente le gusta. Eso es lo mejor que te puede pasar como productor.

 

Underground ya tiene un sello propio con ficciones que giran en torno al crimen, la marginalidad o el delito. ¿En qué se diferencia, a nivel producción, una ficción de este tipo con lo que puede llegar a ser una comedia?

Por lo general, en Underground todo lo que es comedia o comedia dramática se hace en formato más de tira, y para todo lo que es thriller, suspenso, o el contenido que gira en torno al policial o la marginalidad, se utiliza más el formato de miniserie, porque requiere otro tratamiento. La miniserie necesita otro diseño de producción. Se necesitan más días, preparar más a los actores, se necesitan más puestas de cámara. Es un tratamiento completamente diferente, y pienso que ese tipo de contenidos se manejan mejor en este tipo de formatos.

Pensando en el final de la Temporada 2, que encuentra a más de uno de los personajes principales fuera del penal. ¿Podemos esperar que parte de la trama se desarrolle fuera de la cárcel y en distintas locaciones?

Si, hay una posibilidad. Aunque todavía no hay nada definido, Sebastián Ortega y Pablo Culell están trabajando con el equipo autoral en estas semanas, así que seguramente más adelante vamos a saber un poco más de qué va a ir, pero la idea es trabajar la historia en un ida y vuelta con el exterior, para que se pueda desarrollar una historia que no sea dentro de la cárcel. Existe esa posibilidad y se está evaluando.