Entrevista a Jorge Leandro Colás, director de La Visita: “Sierra Chica es un pueblo hermoso”

La visita, el largometraje de Jorge Leandro Colás que tuvo su Premiere Mundial en la Competencia Oficial Argentina del 21 BAFICI, es un documental que retrata las historias de los familiares de los presos del penal de Sierra Chica, que llegan todos los fines de semana al pueblo y aguardan su momento para poder ingresar a visitarlos. Desde BAFilm conversamos con el director sobre la experiencia de rodaje en este pequeño pueblo de la localidad de Olavarría, en el centro de la Provincia de Buenos Aires.

¿Cómo conociste Sierra Chica y la situación de las mujeres que se acercan al pueblo para visitar a los presos del penal?

Mi inquietud inicial surgió a partir de leer un artículo periodístico que describía la microeconomía que se genera alrededor del Complejo Penitenciario de Sierra Chica, con bares, kioscos y pensiones que trabajan exclusivamente con los visitantes del penal. Después de leer el artículo, comenzamos a viajar con el equipo de la película y fuimos descubriendo que había un mundo muy potente para documentar. Conocimos a las visitantes, mayoritariamente mujeres, que hacen kilómetros y kilómetros de viaje, cargando con bolsos de alimentos, llevando en muchos casos niños pequeños. Ellas hacen todo eso con el objetivo de reconstruir, al menos por un rato, un espacio de amor y de familia dentro de un ámbito tan hostil como un penal.

¿Qué fue lo que te decidió a filmar sus historias?

Había mil historias por contar, mil películas dentro de la película. En cierto momento, después de pasar algún tiempo en Sierra Chica, comenzamos a entender el funcionamiento alrededor del penal, descubrimos que había algunos espacios que aglutinaban estas múltiples historias que tanto nos interesaban, como la pensión de Bibi y el bar del Gallego. Al comprender esto, la película comenzó a configurarse y a tomar forma. Sería a través de estos dos espacios que armaríamos el relato de la película e iríamos descubriendo las vidas de estas mujeres incansables.

¿Cómo describirías la experiencia de rodar en el pueblo de Sierra Chica?

Sierra Chica es un pueblo hermoso, pequeño, con sus sierras, las viejas canteras y la paz. Todo esto representa un ámbito sumamente cómodo para estar rodando una película. La verdad es que el pueblo nos recibió muy bien. Incluso, en los primeros viajes de investigación, conocimos, entrevistamos y grabamos a mucha gente del lugar (una bibliotecaria, un comerciante, un penitenciario, una banda de hip hop) que, si bien no quedaron en el corte final de la película, a todos ellos les estamos muy agradecidos.

¿Cómo transcurrió la relación del propio pueblo y el penal para con la filmación?

Cuando la focalización de la película se centró en las visitantes y todo lo que sucede alrededor del penal, las cosas se pusieron un poquito más difíciles. Era bastante problemático rodar escenas nocturnas en los alrededores del penal, imágenes de los extensos paredones o las imponentes luminarias. Más de una vez nos paró la policía de Sierra Chica, nos pedían documentos, revisaban nuestros permisos, estábamos siempre al borde de algún incidente mayor. Creemos que al Servicio Penitenciario le molestaba un poco nuestra presencia, nos hacían advertencias acerca de que la película no beneficiaría a nadie, que tengamos cuidado con los visitantes, que suelen pasar cosas… Pero creo que nuestro lugar como documentalistas muchas veces trae consigo estas incomodidades, incomodidades necesarias para poder visibilizar algunas realidades que permanecen ocultas.

¿Cuáles son los desafíos a la hora de filmar en un penal en funcionamiento?

La particularidad de la película es que transcurre íntegramente fuera del penal. Teníamos en claro que hay muchas películas, documentales y ficciones, sobre cárceles, entonces nuestro desafío sería abordar esta temática, pero desde otro punto de vista, desde el afuera. A nivel narrativo y formal, debíamos construir el espacio de la Unidad 2 de Sierra Chica a través del fuera de campo, el sonido y las imágenes exclusivamente exteriores. El penal se convertía en una ausencia-presencia permanente, gigante, agobiante, que se filtraba y afectaba a cada una de las vidas de las personas que conformaban la película.

¿Cómo sigue el recorrido de La Visita luego de su presentación en el 21 BAFICI?

La película se estrenará el 6 de junio en salas de todo el país. La idea es acompañar a la película en sus proyecciones, generar debates, discutir ideas. Queremos hacer una proyección en la puerta de la Unidad 2, tal vez en el paredón blanco en donde la gente espera. También queremos exhibir la película dentro de los penales, para que aquellos que están privados de su libertad, descubran todo lo que sufren sus familiares para tener acceso a ellos.

¿Cuál te gustaría que fuese la relación del público con el film y las historias que allí se retratan?

Yo creo -y éramos conscientes de ésto en el momento del rodaje- que es muy difícil que una película pueda cambiar cuestiones tan complejas como el sistema de visitas en los penales. Si alguien con poder de decisión ve la película y lo que ésta revela sobre los tiempos de espera, la precariedad de los espacios, el ingreso de alimentos que suplen a la paupérrima alimentación interna, sería muy positivo. Pero también nos gustaría que el público de cine que vea la película pueda correrse de algunos lugares que tienen que ver con la indiferencia, la estigmatización y el prejuicio.