Entrevista a Eloísa Soláas, ganadora del Premio a Mejor Director de la Competencia Oficial Argentina del (21) BAFICI por Las Facultades: “La idea de filmar ese examen de manera ficcional no me cautivaba tanto como hacerlo de manera documental.”

En su primer largometraje en soledad como directora, Eloísa Soláas decidió realizar un documental enfocado en una instancia particular del proceso educativo de los alumnos que cursan en Universidades Nacionales:  el examen oral final. Para ello, recorrió carreras, aulas, pasillos y hasta un penal retratando a los alumnos en los momentos previos a rendir y durante el examen mismo. Luego de su estreno mundial en la Competencia Oficial Argentina del 21 BAFICI, donde obtuvo el Premio a Mejor Director, BAFilm conversó con Eloísa Soláas sobre el proceso de realización del documental.

-¿Cuándo decidiste que ibas a filmar Las Facultades y qué fue lo que te llevó a querer filmar el universo de los exámenes?

En 2014 había escrito el guión de un corto de ficción cuya última escena consistía en un examen oral del personaje principal. Después me fui dando cuenta de que la historia previa no estaba tan buena sino que me interesaba especialmente la escena del final, y además la idea de filmar ese examen de manera ficcional no me cautivaba tanto como hacerlo de manera documental. Así fue que dejé de lado completamente el guión de ese corto y empecé a pensar cómo podía filmar una película con estudiantes reales en situación de rendir un final. Me interesaba la idea del examen en sí misma, un poco por haberla vivido como estudiante y pensarme a mí misma muchas veces siendo filmada en esos momentos de gran nerviosismo y por haberla presenciado también desde el lugar del docente.

-¿Cómo fue el proceso de selección de locaciones y cuán importante
te llevó a querer filmar el universo de los exámenes?

Digamos que en este caso las locaciones ya estaban bastante definidas de antemano, pero podría decir que quería que fueran locaciones variadas, por eso en el momento de incluir una “ciencia natural”, me interesó más filmar “botánica agrícola” en Agronomía que alguna materia del pabellón II de Ciudad Universitaria, porque ya había filmado en los otros dos pabellones, el de Exactas y en la FADU, que arquitectónicamente comparten esa cosa brutalista. En cambio, los pabellones en agronomía son de un estilo más siglo XIX.

-En particular, ¿por qué elegiste filmar en la UNSAM y en el penal 48?

En el penal 48 es el único donde se estudia la carrera de sociología. Hace ya varios años un grupo de presos de esa unidad, que tenían ganas de estudiar, se puso en contacto con la UNSAM porque era la universidad pública más cercana a esa cárcel y lograron algo bastante increíble: un convenio entre la universidad y el servicio penitenciario para que dentro de la cárcel se curse de manera regular, tanto para los detenidos como para el servicio penitenciario. La UNSAM les dio a elegir una carrera entre todas las que se cursan en la sede principal para que pudieran trasladarse fácilmente a otro espacio y ellos eligieron Sociología . Pero más que la carrera en sí, me interesaba el espacio, porque allí podía darse justamente esa dinámica de examen oral que en otras cárceles no se da porque tienen programas de estudio a distancia con exámenes escritos, y eso claramente no me interesaba para esta película.

-¿Cómo describirías la experiencia de rodaje en el penal?

Fue bastante largo el proceso para poder ingresar por primera vez a la cárcel, una instancia necesaria como para conocer el lugar y al posible estudiante que estuviera dispuesto a que lo filmemos rindiendo. Nos contactamos primero con el área de prensa del Servicio Penitenciario Bonaerense y fueron bastante amables y expeditivos. Nos sugirieron que fuéramos un día que iban a entrar varios medios al penal por una visita de J. M. Coetzee (la UNSAM tiene una cátedra de literaturas del sur que él dirige).  Ese día pudimos charlar con varios chicos del centro universitario y conocimos a Jonathan, con quien finalmente filmamos. Los trámites para filmar dentro de la cárcel fueron más burocráticos que para filmar en universidades, porque había otras instancias de autoridad además de la universidad -el estudiante y el docente-. Aquí también estaban el juez que llevaba la causa y el Servicio Penitenciario. Pero todas las autorizaciones se lograron en tiempos más o menos normales y en la cárcel, tanto los presos como el personal de seguridad fueron muy colaborativos con el rodaje.

-¿Cuál te gustaría que fuese la relación de los espectadores con Las Facultades?

Mi intención es que la película pueda ser interesante para todas las personas, chicos, jóvenes, grandes, mayores, estudiantes y no estudiantes, graduados y no graduados. Tanto por identificación con la situación incómoda de rendir examen en sí misma, como por los diversos contenidos. También, por el tipo de edición que busca resaltar momentos cómicos de cada proceso, busqué que tenga muchas aristas desde donde generar interés. Esto por ahí ya es un deseo un poco fantasioso pero, eventualmente, me gustaría que más allá de sufrir por el momento incómodo que genera cada examen, genere cierto interés por estudiar, o por volver a estudiar.

-¿Cuál será el recorrido del film a partir de ahora?

Me gustaría mucho que pueda darse en festivales o en salas del interior del país. También me gustaría que pueda tener un recorrido internacional. Esta manera de estudiar y de rendir exámenes es muy común para quienes estudiamos en universidades nacionales, pero resulta bastante curiosa en otros países y universidades en las que se evalúa de otra manera. Creo que puede ser rico material de debate.