Carne Propia, primera película como director de Alberto Romero: “No es lo mismo ver la pampa húmeda desde la ventana de un auto que desde la jaula de un camión de ganado”

La ruta, el campo y el camión de ganado transportando a los animales hacia su destino fatal –el matadero, situado en la metrópolis– y su destino final –el plato-, es para muchos una imagen paradigmática de toda la zona pampeana de la Argentina y de una de las actividades productivas que, desde sus inicios, marcó a fuego la historia y la organización política del país: la industria de la carne. En su film Carne propia, Alberto Romero decidió filmar ese viaje desde un punto de vista particular: el del ganado. Y, particularmente, el de un viejo toro Aberdeen Angus (personificado con la voz de Arnaldo André). Con él recorremos, la historia de la industria cárnica, con sus ribetes socio políticos, atravesando los diversos paisajes rurales y urbanos de la pampa a la ciudad.

Varias de las escenas del film, que tendrá estreno el 13 de julio en el Gaumont y ya participó de numerosos festivales de cine (entre ellos el BAFICI y Pantalla Pinamar), se desarrollan en territorios bonaerenses como Berisso y Berazategui. BAFILM conversó con Alberto Romero sobre la experiencia de filmar este particular documental que recorre lugares, personajes, hechos históricos y organizaciones sociales de la mano de un toro.

 

Teniendo en cuenta las distintas locaciones utilizadas, ¿cómo describirías la experiencia de rodaje de Carne propia?

Esta es mi primera película como director. He participado de otras películas de Puente Films (nuestro colectivo de directores) en diversos roles, y puedo decir que la principal diferencia en este rodaje fue la de filmar fuera de la ciudad de Buenos Aires. La experiencia fue muy buena.

 

Alberto Romero, director de Carne Propia.

 

¿Cuál fue la primera impresión al llegar allí?

Nos encontramos con que, en las provincias, la gente tiene muchas ganas de contar su historia, de abrir su casa, su pueblo o su fábrica al cineasta curioso. Hay un riesgo cuando unos porteños como nosotros salen a filmar a las provincias, y es el de quedar fascinados con los paisajes y los entornos y olvidarse de las historias. Creo que, por suerte, en Carne propia pudimos evitar esto. Nos concentramos en las historias, pero pudimos también mostrar todos los interesantísimos lugares en los que se desarrollan.

 

Filmaron en La Pampa, Córdoba, Entre Ríos, Buenos Aires y CABA, ¿cómo eligieron las locaciones?

Allí se situaban las historias que queríamos contar. La película recorre la tensa relación entre los patrones y los obreros de la industria de la carne en varios momentos de la historia, y cada una de estas historias se sitúa en un lugar particular: Liebig, Entre Ríos, y su fantástica fábrica-pueblo con el monumento a la lata de corned beef en la plaza central; la ciudad de Berisso, en Buenos Aires, con sus enormes frigoríficos, sus inmigrantes y toda su historia de emancipación a través de la lucha sindical; la cooperativa SUBPGA, en Berazategui, con su compleja e interesantísima experiencia de organización cooperativa, sin patrón.

 

¿Cómo fue la experiencia de filmar la ruta (y filmar en-la-ruta)?

El viaje del toro fue uno de los momentos más divertidos del rodaje. Todo se filmó en una gran jornada, larga y trabajosa que arrancó en un campo en el sur de Córdoba, donde hicimos los primeros planos de la película. Luego cruzamos la frontera para filmar en unos corrales del pueblo de Bernardo Larroudé, La Pampa, los momentos previos a subir al camión de ganado.  Una vez arriba del camión, atravesamos la provincia de Buenos Aires registrando su viaje desde la caja del camión, como para tener una perspectiva bien en primera persona de nuestro animal-narrador. Todo ese recorrido se hizo principalmente en la ruta 188, entre Banderaló y Lincoln.

 

Dubal Frey, ex trabajador de la fábrica Liebig, del sector “latería”.

 

¿Cómo abordaron ese rodaje en movimiento?

Seguimos al toro y al camión con un motorhome, y lo fuimos registrando a lo largo del recorrido hasta llegar al mercado de Liniers, donde tuvimos que pasar la noche hasta el comienzo de los remates, durmiendo entre los mujidos de todos esos vacunos que irían a morir al día siguiente.

 

¿Cuáles fueron las dificultades de filmar de esa manera?

La experiencia de filmar en la ruta dentro del camión fue muy divertida, aunque dificultosa. Martín Turnes, DF y cámara, luchó todo el viaje con los movimientos del camión y con el viento de frente que dificultaba mantener un encuadre prolijo. Creo que en esos planos logramos algo muy poético. En ellos vemos ese paisaje de llanura que nos resulta tan familiar, pero desde una perspectiva un poco inusual, que es la de la carne. No es lo mismo ver la pampa húmeda desde la ventana de un auto que desde la jaula de un camión de ganado. La percepción cambia radicalmente, así ven la pampa nuestras vacas.

 

El toro. Un Aberdeen Angus (personificado con la voz de Arnaldo André).

 

¿Cómo se seleccionó el animal y qué desafíos se presentaron a la hora de filmar a un protagonista no-humano?

El proceso de selección del toro fue bastante azaroso. Necesitábamos un toro viejo, Aberdeen Angus, y que fuera en lo posible colorado, porque iba a dar mejor en cámara. Lo buscamos mucho y no aparecía. Sobre todo porque necesitábamos que el dueño tuviera ganas de mandarlo a Liniers, y de tener a un grupo de cineastas merodeando en su campo y en sus corrales en los días previos. Pero tuvimos la suerte de encontrarnos con la familia Errecart, de Larroudé, La Pampa, que son los dueños del camión en el que viajamos. Ellos tenían a este toro viejo y estaban dispuestos a mandarlo “al gancho” para que pudiéramos filmarlo, y a dejarnos subir al camión.

 

¿Crees que lograron dirigir al protagonista?

Creo que conseguimos mucho más que a un toro, conseguimos a un gran actor con una mirada melancólica que refleja perfectamente este último viaje hacia la muerte de ese aristocrático toro campeón. Comparto un secreto con los lectores: en esta película hay más de un toro.

 

¿Por qué eligieron, para el frigorífico, a la cooperativa SUBPGA de Berazategui?

A la cooperativa SUBPGA llegamos de casualidad. Era la única historia que no estaba en el guión. En su lugar había otra, pero se iba tan atrás en el tiempo que no conseguimos a nadie que la pudiera contar en cámara. Teníamos además la idea de filmar la faena completa, como para cerrar el relato del toro con toda la pompa y la crudeza de esa situación. Después, en el montaje, nos dimos cuenta de que era una escena un poco truculenta y decidimos dejarla afuera. Pero conocimos a los compañeros de SUBPGA, el único frigorífico que nos abrió las puertas para filmar la faena, y nos fueron contando su historia. De movida nos conmovió mucho.

 

Trabajadores del frigorífico SUBPGA Cooperativa de los Trabajadores, Berazategui.

 

¿Cómo llegaron a Berisso y sus personajes?

A Berisso llegamos motivados por la interesantísima historia de Doña María Roldán, la primera delegada sindical mujer de América Latina del Sindicato de la Carne de Berisso. Una mujer de gran personalidad, una verdadera trabajadora con enorme consciencia política. Una rareza para la época. Por otro lado, yo había leído que las movilizaciones para reclamar la liberación de Perón el 17 de octubre de 1945 habían empezado en los frigoríficos de Berisso. Entonces empecé a buscar referentes peronistas de esta ciudad, y los encontré fácilmente. Los berissenses son muy guardianes de su historia, de su identidad inmigrante y peronista, y siempre están dispuestos a contar aquel día tan particular de nuestra historia.

 

Fecha de estreno: 13 de julio en el Gaumont.